2010-10-14

Lidya Cacho

Lidya Cacho kazetariak hainbat urte daramatza prostituzioaren inguruan ikerketzen, eta El Correo egunkaritik hartu dudan elkarrizketa honetan bere liburuaren eta bizipenen berri izango duzue.

Lydia Cacho (Ciudad de México, 1963) vive bajo la amenaza constante de muerte. Sus investigaciones periodísticas la han convertido en blanco de grupos mafiosos pero ella no parpadea cuando asegura que «aunque me maten, sé que lo que hago vale la pena». Reconocida en México con el Premio Estatal de Periodismo (2002), publica ahora 'Esclavas del Poder' (Debate), un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo. Dedicó cinco años a esta investigación, que la llevó a colarse en prostíbulos de Turquía, Japón, Camboya y Birmania.
- ¿Quién y por qué la amenaza?
- Las amenazas empezaron cuando investigaba para el libro 'Los demonios del Edén' (2005), donde desenmascaré una red de pederastia y turismo sexual en México en la que estaban implicadas personalidades influyentes del país, como el empresario Kamel Nacif. Esas mafias insertadas en cuerpos de policía y en grupos políticos siguen enviándome mensajes ofensivos. El último incluso mencionaba la decapitación. He asumido que son enemigos de por vida.
- Llegó a ser detenida...
- Seis meses después de la publicación del libro fui tomada por la policía y torturada durante 20 horas. Me encarcelaron y me llevaron a un juicio por difamación que gané porque pude demostrar que todo lo que había escrito era real.
- ¿Tiene miedo?
- Hace tiempo que entendí que el miedo es producto de una decisión. Ahora cada día cuando me levanto me digo: «Hoy no voy a tener miedo». Y funciona. Sé que cualquier día me pueden matar. Espero que no suceda, pero si sucede, soy plenamente consciente de que lo que hago vale la pena. No pienso regalar mi felicidad a los grupos mafiosos, que viven del miedo ajeno.
- En 'Esclavas del Poder' equipara la trata de mujeres con el comercio de esclavos africanos en siglos pasados. ¿Por qué son comparables?
- Existe un paralelismo muy preciso entre la actitud de los tratantes actuales y lo que los portugueses descubrieron en el siglo XV cuando llegaron a África: que el ser humano podía ser un producto muy vendible para ser explotado.
- Recoge testimonios de víctimas que sobrevivieron a la explotación. ¿Cuál le impresionó más?
- Probablemente el de una niñita que había sido utilizada para pornografía infantil en Brasil y que a sus diez años estaba entendiendo, después de mucha terapia, que existía un mundo diferente al que ella había conocido. Desde muy pequeña le habían dicho que las niñas nacían para satisfacer el deseo sexual de los pederastas.
- Para conseguir información de primera mano tuvo que adoptapersonalidades falsas e incluso llegó a hacerse pasar por prostituta.
- Sí. Fue en Cancún, en un bar de alterne. Para ganarme la confianza de las chicas bailé con ellas en el escenario. Constaté que esas mujeres viven con ansiedad esas actuaciones eróticas, de las que no disfrutan en absoluto. Les pregunté sobre su vida sexual, y descubrí que muchas de ellas preferían las relaciones íntimas con mujeres.
- ¿Qué postura adopta ante el debate entre abolición o legalización de la prostitución?
- Desde una perspectiva de los derechos humanos la prostitución debería desaparecer. Modelos abolicionistas como el de Suecia pueden ser positivos porque dan una salida a mujeres que no habían conocido otras opciones de vida. Ser prostituta no es una elección para la mujer. Durante mi investigación, a veces volvía muy afectada al hotel y me preguntaba: ¿quien éticamente podría hacer una declaración pública sobre que las prostitutas ejercen su sexualidad libremente e incluso la disfrutan? Esa conjetura no existe.

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